Este artículo se publicó el 05 Mayo 2007, dentro de la(s) categoría(s) Salud Física. Puedes seguir las respuestas a entrada con nuestro feed RSS 2.0. Puedes, si lo deseas, dejar un comentario, o hacer un trackback desde tu propio sitio web.
La vida después de los 60 años
Sesenta años es la edad que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) establece como inicio de la vejez. A partir de la sexta década de vida comienza a producirse un descenso en las funciones de los órganos vitales, el sistema cardiaco y respiratorio. No hay enfermedades propias de esta etapa como las hay en la infancia, pero sí hay una serie de dolencias que aparecen con más frecuencia en la llamada tercera edad, señala Samuel Bravo, especialista en geriatría.
Las enfermedades relacionadas con el aparato musculoesquelético son el primer motivo de consulta a partir de esa edad. Alrededor de 35% de personas las padecen, según la Asociación de Reumatología.
Existen más de 100 padecimientos diferentes que se pueden clasificar como reumáticos o músculoesqueléticos, pero las más frecuentes son la osteoporosis, artrosis y artritis reumatoide.
En estas dos últimas se produce la inflamación de las articulaciones, y en la osteoporosis los huesos se descalcifican produciendo la fractura. Aunque generalmente no provocan la muerte, si no se atienden a tiempo generan mala calidad de vida y pueden incapacitar a las personas.
En segundo lugar, los mayores padecen enfermedades cardiocirculatorias, entre ellas la hipertensión, considerada enfermedad “silenciosa” porque no provoca ningún síntoma. Eso no quiere decir que no sea peligrosa, pues gran parte de las muertes que se producen cada año ocurren como consecuencia directa de la hipertensión o de sus complicaciones sobre el sistema cardiovascular o el riñón. Se calcula que 35% de los adultos mayores tiene hipertensión.
Los padecimientos respiratorios como bronquitis, gripa o neumonía son el tercer motivo de enfermedades en adultos mayores, y aparecen más frecuentemente durante la época de lluvias y en invierno; generalmente no son graves, pero si no son atendidas a tiempo, en los mayores pueden presentarse complicaciones que llegan a ocasionar la muerte.
En México no existe una cultura de prevención o de acudir al médico a los primeros síntomas, y se tiende a tratarlas “con un remedio casero”, lo que es origen de muchas muertes en invierno.
“De ahí el refrán popular: de enero y febrero ´desviejadero´”, recuerda Samuel Bravo. Dentro de las enfermedades respiratorias, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, conocida por sus siglas EPOC, va en aumento por el incremento de los niveles de contaminación. Esta enfermedad, considerada propia de los fumadores, está afectando a 8% de la población mayor de 60 años, y ya es la quinta causa de mortalidad en hombres y mujeres, según el según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).
En cuarto lugar en frecuencia, se encuentran síndromes metabólicos como diabetes mellitus tipo II y arteroesclerosis. Ambas están en aumento por el incremento de la ingesta de grasas que provocan, en el caso de la diabetes, falta de secreción de insulina, fundamental para que el organismo transforme en energía los alimentos que consume; en el caso de la segunda, la acumulación de colesterol en arterias, que puede provocar infartos o accidentes cerebrovasculares.
La principal causa de mortalidad en adultos mayores son las enfermedades del corazón, con una tasa de 22%, seguida de la diabetes tipo II, según el INEGI.
En los adultos mayores mexicanos, el quinto grupo de enfermedades más frecuentes, y en ascenso en los últimos años, son las demencias tipo Alzheimer, y trastornos mentales como la depresión. Aunque no hay estadísticas propias, se estima que 6% de los mayores tiene algún tipo de demencia, por lo que estaríamos hablando de aproximadamente medio millón de afectados con estas patologías, según la Fundación Alzheimer.
La depresión es la otra epidemia del siglo XXI (la obesidad sería la primera). Entre 40% y 60% de la población mayor de 60 años podría padecerla, aunque en la mayoría de los casos no se diagnostica porque está encubierta con otros problemas, y por tanto, no se atiende, dice Bravo.
Debido al cambio en la estructura piramidal, por edad, de la población mexicana, uno de cada cuatro hogares tiene la presencia de al menos un adulto mayor, y uno de cada cinco tiene como jefe de hogar a una persona de 60 años o más.
Sin embargo, el porcentaje de hogares con personas de la tercera edad aumentará gradualmente en los próximos años, y de manera más acelerada en las décadas posteriores. Esto propiciará una convivencia cada vez más común con los adultos mayores, lo cual implica que se deben ampliar y fortalecer las redes familiares y sociales de apoyo a este sector de la población, de acuerdo con la Secretaría de Gobernación.
Fuente:
BELÉN MERINO
El Universal
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